| Estimado Padre Diego Muñoz:
Animado por los favores logrados por intercesión del Padre Tarín, cuando supimos que la asesora laboral del Colegio Julio César, de Sevilla, Sonia, casada canónicamente el 27 de septiembre de 2002, no tenía descendencia pese a que llevaba tres años el matrimonio intentando conseguir tener un hijo, le entregué una estampa del Padre Tarín para que se encomendara al venerable pidiendo su mediación para que se lograra el ansiado suceso. Esto ocurría a primeros del año 2010. Sonia no conseguía quedar embarazada, y el 8 de junio del año 2010 realiza visita a una clínica especializada en fecundación in vitro. Contrata los servicios de los facultativos para obtener su propósito y como consecuencia de esto ese día se les encarga unas pruebas a los esposos para conocer la situación. Se efectúan los análisis. El 19 de julio de 2010 se presentan las pruebas en la clínica, y aquí se diagnostica que el marido es infecundo, y por tanto para que se produzca el embarazo es imprescindible someterse al tratamiento de fecundación. Sonia me informa al respecto, y yo le insisto para que rece como yo hago y se evite llegar al tratamiento para que sea la intercesión del Padre Tarín la que favorezca que Dios intervenga y se produzca un milagro. La tercera visita a la clínica tuvo lugar el 30 de julio de 2010. Ese día se fijan las pautas para comenzar el tratamiento, y los esposos deciden iniciarlo en octubre. Hay tiempo, pues, para seguir reclamando la mediación del venerable Padre Tarín. El 17 de agosto de 2010 me telefoneaba Sonia. Estaba embarazada sin mediación ninguna de la ciencia. Luego efectivamente el Padre Tarín había intercedido, y Dios había hecho el favor de refrendar al venerable para que se le declarare beato. Sonia estaba convencida plenamente, sin ninguna duda, de que se trataba de un milagro. Hacía falta esto, hacía falta que ella visitara una clínica para que se demostrara que de forma natural no quedaría embarazada; se había demostrado que para conseguirlo era necesaria una intervención científica. Y por eso era en este momento preciso en el que iba a quedar evidenciado que el milagro se había producido, que Dios había intervenido para resolver lo que de forma natural no conseguía el matrimonio; y no iba a hacer falta un remedio de la ciencia, ya que Dios había dispuesto que en el año centenario de la muerte de Tarín desde el cielo se hiciera pública difusión de que el valenciano fallecido en Sevilla en 1910 era un sacerdote santo. El milagro había ocurrido. No sólo Sonia sino toda la familia se llenaba de felicidad sabedores de que Dios había obrado un milagro. Tan trascendente era el suceso que su propia hermana y compañera de trabajo, declaradamente atea, desde entonces tiene una estampa del Padre Tarín junto a la pantalla del ordenador en que labora diariamente. No hacía falta ningún otro dato, pero resulta que la omnipotencia de Dios se manifiesta hasta en los detalles más sutiles, como el siguiente. Tanto Sonia como su marido, sin que puedan explicarlo, ya que se carece de antecedentes familiares, decidieron que el niño que había de nacer se llamara Nicolás. No pueden explicarlo, sólo saben que recibieron la inspiración de darle ese nombre, Nicolás, el que trae los regalos de Navidad, cuando nace el Niño, fruto de una intervención divina. El nacimiento se produjo el 4 de abril de 2011, gracias a Dios. El Padre Tarín, por fin, presentaba un milagro ante los hombres. Que la Santa Sede decida a continuación sobre lo que irrefutablemente ha decidido Dios. En Sevilla, a treinta de noviembre de dos mil once.
Doctor Antonio Egea López. Director Honorario del Colegio Julio César de Sevilla. Académico Numerario de la Academia Iberoamericana de La Rábida. Académico Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, de la Academia Argentina de la Historia, de la Real Academia Hispanoamericana de Cádiz, etcétera.
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