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Estados Unidos apadrinó el asesinato de Carrero ejecutado por unos desgraciados.
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¡Vaya, hombre! La tercera página de ABC también está en decadencia. Escribe en ella un valioso periodista que desbarra aludiendo al asesinato del vicepresidente del gobierno de Franco, que fue ejecutado por unos desgraciados vascos con la anuencia del ministro de asuntos exteriores de los Estados Unidos. El azar no existe. El atentado contra Carrero se produjo tras la estancia de Kissinger en España y su salida del país la noche anterior al crimen. El listo e inmoral secretario del Estado norteamericano apadrinó tan nítidamente el asesinato el 20 de diciembre de 1973 que esa misma mañana todos los empleados de la embajada habían retirado sus coches de donde acostumbraban a estacionarlos, ya que sabían de antemano que iba a suceder el atentado que podría destruir cuantos vehículos se encontrasen en la proximidad del lugar exacto en que ocurrió la explosión. ¿Una vidente había avisado al embajador? Kissinger se había entrevistado con el propio Carrero Blanco y de lo que no cabe ninguna duda es de que éste pensaba continuar su mandato tras la muerte de Franco gobernando con los Principios del Movimiento Nacional; no tenía ningún propósito de reimplantar el sistema liberal de la monarquía alfonsina, y, claro, eso era un peligro potencial revolucionario que Estados Unidos quería suprimir. Para este país, que controlaba el gobierno de Franco a distancia, no se iba a permitir el riesgo de perjuicios para las inversiones estadounidenses, ni desde luego la posibilidad de un gobierno que aprovechara un vacío tras la esperable próxima muerte de Franco. Estados Unidos quería asegurarse que del franquismo se pasaría a un sistema democrático monárquico y parlamentario, y jamás correr el riesgo de que ocupara el poder un marxista como el Allende que el propio Kissinger había desposeído de la presidencia de la república chilena amparando un golpe de Estado el mismo año tres meses antes. Así que el canalla Kissinger, un asesino, un patrón de asesinos, no permitiría que la Dictadura de Franco continuara en Carrero Blanco; era demasiado arriesgado. Total, con matar a Carrero se podía evitar un enfrentamiento civil en España. Y se sirvió de unos desgraciados vascos dispuestos a matar a quien les pongan por delante: un niño, una embarazada o un vicepresidente de gobierno. Digo que el periodista desbarra porque presenta como argumento que la estancia en Madrid del ministro asesino “demuestra precisamente que no tuvo nada que ver con el atentado”. ¡Vaya, hombre!, si precisamente a lo que vino es a averiguar quién sobraba en la España siguiente a la Dictadura, que era Carrero Blanco según Estados Unidos, y quién convenía entronizar como rey de una España liberal, que era el príncipe Juan Carlos, con el que se entrevistó antes de tomar el vuelo de retorno al país americano. Ya digo que el azar no existe. Tan diáfano todo que el mismo día del asesinato ABC tenía la foto del patrón de los asesinos en su portada. Kissinger, vamos. No he leído cómo cuenta Pilar Urbano el atentado cuya responsabilidad atribuye al ministro estadounidense; Carrascal la rechaza sin razón. Debería haber visto y leído excelentes reportajes televisivos y periodísticos probando lo que aquí se dice. Cabe añadir que los desgraciados vascos, ahora ya hasta con poder político por culpa de un tonto gobernante español, tonto o perverso, estaban patrocinados, como tantos otros terroristas en el mundo, por Estados Unidos (la foto ha sido tomada de interbook.net y telebision.com). 16-12-2011.