| Este año han destacado bastante la prensa, la radio y la televisión el homenaje al célebre escritor en la fecha de su muerte. El 31 de diciembre de 2011, fecha de la fotografía, se ha conmemorado especialmente el 75º aniversario del escritor bilbaíno, que murió en Salamanca, donde fue profesor y rector de su universidad. Ya el año pasado tuve oportunidad de asistir en el cementerio antiguo de Salamanca al acto necrológico que se suele hacer ante su tumba. Pero este año, en que también he tenido ocasión de asistir, se presentaba de forma más grandilocuente. El Ayuntamiento ha asumido que el año 2012 sea unamuniano, para presentar ante el mundo la fusión entre el polémico pensador y la ciudad del Tormes. El nieto del escritor, Pablo de Unamuno me recordaba del pasado año, así que ahora nos saludamos satisfechos de que al personaje se le haya dado más divulgación. De hecho, tras el acto funerario hubo una recepción en el Ayuntamiento. Habló el alcalde, con ganas incluso de hacer rentable turísticamente la efeméride. Sí, señor, así se hace: cualquiera posibilidad hay que aprovecharla para hacerla rentable; la figura de Unamuno continúa siendo rentable para la ciudad del Lazarillo y del Licenciado Vidriera. Precisamente la fotografía está tomada en la entrada al edificio municipal, donde se ha instalado una pequeña exposición del proceso escultórico del medallón que de Unamuno hay en la misma Plaza Mayor, donde asimismo se ubica el Ayuntamiento. Recordé aquella mi primera charla sobre el filósofo vizcaíno cuando la excelente profesora de literatura, doña Lolina, me propuso que en su clase yo presentara el tema ante mis compañeros preuniversitarios del Instituto San Isidoro. Luego no dejaría de hablar del españolísimo profesor en mis clases de filosofía. También recuerdo cómo un profesor de educación física antiguo alumno mío me comentaba cuánto le había hecho reflexionar “El sentimiento trágico de la vida” que yo le había sugerido que preparara para exponerlo en clase. Mi memoria sobre el rector de la Universidad salmantina es vasta, y por cierto que pensando en el aprovechamiento turístico del personaje, habría que organizar muchísimas excursiones escolares y políticas para que los estudiantes y los responsables de los gobiernos de las distintas administraciones públicas aprendieran españolidad con don Miguel. La anécdota del Día de la Raza –que todavía se celebra en Guatemala, porque la Hispanidad no es sólo española sino de todos los pueblos hispanos- de 1936, en que Unamuno y Millán Astray se enfrentaron en el paraninfo, era la manifestación del sentir profundo de dos españoles beligerantes. En la recepción se presentó un video del alcalde de Bilbao, quién, por cierto, se expresó con buena calidad y con las ideas y las palabras de un buen compatriota. Después nos acercamos al medallón en la Plaza siempre tan concurrida, y ahora con un belén de bombillas multicolores. El final fue ante el monumento del ensayista frente a su museo. El alcalde y Pablo de Unamuno, el nieto, colocaron una corona de flores mientras sonaba el himno nacional, a espaldas del monasterio de las úrsulas. Antes y después, la banda de música, que podríamos fecharla en 1936 o en 1898, tocó temas castizos, un homenaje musical más que popular; podría haber sido contratada hace tantos años en Ciudad Rodrigo o en Santurce. Me despedí de Pablo y lo felicité. Unamuno seguía en la entraña de España. (3-1-2012)
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